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Reproducción de Obra de la artista Ángeles Corvetto en la que se representa una icónica imagen de evita peinando su cabello frente al espejo. La artista agrega niños jugando contentos junto a ella.

Ángeles Crovetto, trabajadora de la cultura

Aunque muchos la llaman artista, Ángeles prefiere ser conocida como “trabajadora de la cultura”. Nacida en La Matanza y egresada como Licenciada en Artes Visuales, crea obras que interpelan al otro, siempre con un eje social. Te invitamos a conocerla.

Conocí a Ángeles Crovetto por una de sus obras que encontré en facebook: una imagen de Eva Perón embarazada. Me impactó porque me pareció una apuesta atrevida, y me pregunté: ¿Quién se anima a hacer algo así? ¿A sexualizar a Evita, a humanizarla y convertirla en sujeto deseante? Esa mirada de Evita contemplando su panza de embarazada, avisando que volvería y sería millones. Pensé: “la Evita que nos parió”.  Luego descubrí otra obra suya sobre Evita, esta vez peinándose frente a un espejo; una adaptación de una foto muy conocida de ella en la Quinta de San Vicente. La peinaban unos niños.  

La pregunta se volvió recurrente: ¿Quién era esta artista tan atrevida y osada?  ¿artista? ¿Querría que la llamara así?, ¿será hombre o mujer? Fue entonces cuando descubrí a Ángeles Crovetto con nombre y apellido. Empecé a investigar su obra, sus murales, sus esculturas y por esas casualidades de la vida, la encontré en mi trabajo, estaba esperando para ver si se iba a entrevistar con alguien muy importante: mi jefa pero también la Jefa de muchos. Entonces, pude decirle cuánto me encanta su arte,  y casi como un reclamo agregué sobre la pintura de Evita, que era audaz y atrevida. Ella respondió: “tenemos que humanizar a nuestros líderes, bajarlos del pedestal de inalcanzables porque son tan humanos como nosotros”.

Sin embargo, ella misma no podía evitar estar nerviosa ante esa Jefa con la que estaba por encontrarse. Tenía un pañuelo con su pelo recogido, un vestido color violeta, que acentuaba su piel blanca y una mirada muy hermosa. La vida a veces nos permite cruzarnos con esas personas que nos llaman la atención, y esta entrevista, es una invitación a que conozcan quién es la artista detrás de la osadía.

Angeles Crovetto es oriunda del partido de La Matanza. Egresó de la Universidad Nacional del Arte con el título de Licenciada en Artes Visuales con Orientación en Escultura, pero su formación artística comenzó desde muy pequeña en escuelas estatales de artes para niños, y talleres particulares: “Vengo de una familia de artistas, no precisamente mis viejos, sino mis abuelos, tíos y bisabuelos tenían una tradición artística en música y artes plásticas. Fue un lenguaje adoptado de manera natural por mí y por supuesto con el estímulo y contexto familiar. De chiquita iba a talleres de arte, canto y pintura, así que el mundo de las artes me es esencial desde siempre. No hay un momento donde yo pueda decir que me surge el interés”.  

¿Cómo preferís que te llamen “artista”, “militante”, “trabajadora”?  ¿por qué?

Es complicado. Si bien me acostumbre a que me lo digan, a tomarlo de la mejor manera posible, es complicado. Tiene mucha carga semántica la palabra artista, es casi una etiqueta que es necesaria para los otros, decirle al otro “artista”. También fue utilizada por los artistas para tomar cierta distancia de lo usual, de lo cotidiano, quizás por eso no me es muy amigable aunque trato de tomármelo de la mejor manera, porque es lo que se usa, pero arrastra ese concepto de “genio creador” por fuera, que lo hace “especial”, por lo que no me hallo en ese término. Sí en trabajadora de la cultura, porque más allá que sea algo natural en mí, yo digo que soy una trabajadora. No soy una trabajadora alienada en términos conceptuales, pero si es un trabajo y militante claro que sí. El compromiso te hace militante, de cómo entendes el mundo, la vida, la muerte de una manera más o menos explícita. Yo lo asumo explícitamente así que soy una trabajadora de la cultura, una militante cultural.

¿Quiénes son tus referentes artísticos?

Tengo de distintas épocas y disciplinas. En cuanto a la pintura Goya y Rembrandt, Francis Bacon, los expresionistas alemanes. Argentinos: Berni y Alonso.  En todos hay una indagación sobre lo humano, una perspectiva humanista del arte indagada desde cierta desesperación por la inhumanidad, cierto aspecto en común sobre la estética de lo feo, como “lo bello caído en desgracia”, como un punto de reflexión desde la condición humana. Cada uno en distintos contextos.  

¿Cuáles son tus obras más significativas?

En lo personal me resulta significativa una serie de esculturas que realicé sobre los “empacados” que era un juego de palabras respecto de los consumidores de paco. También la pintura de Eva embarazada porque pude encontrar algo en una imagen no usual. Pude encontrar una imagen que se anude a un concepto. Otra muy importante es la pintura “Lo que el agua no se llevó” (imagen  de portada) que la pinté de manera muy desesperada y en muy poco tiempo. Había vivenciado como militante en territorio una inundación bastante catastrófica, donde puse el cuerpo y vi muchas cuestiones “dantescas” y pese a eso pude encontrar algunas cuestiones afectivas que a veces el agua no se lleva, por ejemplo, el amor de una familia.

Además, a cierta porción de la militancia le resultan significativos los murales que se hicieron en los 12 años de kirchnerismo. Para los compañeros fueron importantes que las paredes pudieran reflejar esa época, la de la política que estábamos viviendo.

Sabemos que te desempeñas en distintas disciplinas dentro del arte ¿cuál es tu relación con el muralismo, por ejemplo?

El muralismo es algo muy extraño porque es una disciplina a la que yo nunca pretendí abonar, me fue encontrando a mí y siempre dejándome en callejones sin salida, un poco como atrapada y de alguna manera lo adopté.

El tema del muralismo en mí surge por una cuestión laboral, no tenía experiencia, me fui haciendo a través de murales comunitarios. En principio utilizaba el conocimiento de la pintura y en el hacer me daba cuenta que no había una traslación natural, más allá del manejo del color.  En cuanto a composición hay una distancia en función de soporte y finalidad, pero bueno me fui haciendo muralista, aunque me cuesta llamarme así. No recurrí a formarme en eso, insistí de manera autodidacta, el mundillo de los muralistas siempre me fue muy reticente, porque yo trabajaba de eso y también generé algunos trabajos que eran queridos y yo no venía de ese ámbito y, como en todo ámbito, hay cierto corporativismo.  

Tampoco me sentí a gusto en esas corporaciones, soy una renegada de todos los ámbitos y tampoco me gusta anclarme en una disciplina porque la verdad que hice de todo y considero que cada recurso, cada lenguaje dentro de las artes visuales, son necesarias respecto de lo que querramos decir. Haciendo comprendí que el mural tiene otras implicancias mucho más favorables para poder palpar cómo incide en la realidad una imagen, tanto positivamente como de manera negativa. Pintar en la vía pública implica que uno ponga el cuerpo con mayor exigencia, a diferencia de lo que se da en una cuestión privada de un taller. Uno se encuentra con posturas muchas veces violentas que desaprueban lo que uno está haciendo y hay que saber manejarse en esas situaciones. Lo entendí así, como una trinchera de militancia absolutamente válida.

El año pasado, Ángeles sufrió un episodio de censura por parte del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Las autoridades le pidieron que tapara un mural que había realizado en el Centro Integrador Comunitario (CIC) de Arrecifes. ¿La imagen a ocultar? Un abrazo entre Néstor y Cristina Kirchner. El pedido violaba la voluntad de la asamblea del CIC que había aprobado por votación la realización del mismo (Política y Medios).   

¿Qué  significan para vos la pintura y la escultura?

La pintura es algo que nació conmigo, no importa que haga cosas buenas o malas, es algo muy natural para mí casi como hablar. Uno puede decir cosas bonitas o espantosas, pero realmente el significado de la pintura para mi es el lenguaje mismo, mi lenguaje natural. A veces observo que a muchas personas la pintura le resulta terapéutica, un espacio de sanidad mental, expansión espiritual. Yo pinto porque es una necesidad, no una búsqueda de evasión de la realidad. Ese es un punto específico que yo encuentro en mi vínculo con la pintura. Realmente es una situación tan natural para mi como el lenguaje, como cuando uno tiene que hablar y decir algo casi siempre compromete muchas otras cosas además de las que dice.

A la escultura la descubrí en la facultad y fue tal el descubrimiento que no pude pintar más durante muchos años por hacer escultura. Es una disciplina muy misteriosa, con una combinación de misterio por una materia que tiene profundidades afectivas, semánticas y en donde uno es el manipulador y el configurador de esa materia que tiene una combinación con una realidad ineludible que es el oficio y la técnica de la escultura. Es un ida y vuelta continuo entre el apasionamiento matérico y el manejo de la técnica. La escultura es un abrazo. Cuando uno abraza de alguna manera hay una configuración del espacio y la materia del “abrazado” y también uno se acomoda en ese abrazo en función del cuerpo del otro. Un poco para mí la escultura es eso, cuando uno va dando forma, se genera un abrazo entre el espacio y la forma que rodea a eso pero que incluye a un tercero que es el espectador.

No considero que me sienta más a gusto con alguna de las disciplinas: soy abusadora de las tres.

¿Pensás que hay una tensión entre la intención creadora del artista y lo que efectivamente puede vender?

Creo que sí. Como regla general. En mi realidad yo no establecí ninguna estrategia de venta. Considero que el mercado de arte argentino es absolutamente pequeño y que los que venden son los que ceden a esa tensión. Siempre renegué de pintar o producir lo que se esperaba de mí y preferí ganarme el pan con otras cosas dentro del mismo ámbito, por ejemplo la docencia. Ya de más grande decidí no enviar más a ningún concurso mis obras y realmente en absoluta soledad, en un momento necesité pintar sobre peronismo, por una cuestión propia, de cultura y de historia familiar. Lo hice con necesidad genuina y un trabajo fue llevando a otro y de a poco se fue compartiendo mi trabajo de manera más humilde, muy de base. Ayudaron las redes sociales pero sin especulación, simplemente por subir a mi perfil lo que había hecho, muy de a poco, y se fue difundiendo solo.

De ahí llegaron convocatorias de compañeros para exponer y de esa manera se fue trazando cierto perfil que yo tengo en cuanto a las artes y dentro de ese ámbito, me han realizado algunos encargos, me han comprado obras. Hoy estaría pintando muchas cosas pero no tengo ánimo de hacerlo. Son contextos de producción los que hacen que uno pueda pintar o no. Me hubiese sido mucho más favorable haber continuado pintando en esta época redituable económicamente pero no lo puedo hacer, así que esa tensión no es la mía. Si se vende es porque a alguien le gustó  o lo valoró , o cree que debe tenerlo,  sino no puedo hacerlo. Incluso cuando recibí encargos, los hice porque están dentro de mi ideario, mi cosmovisión. No podría hacer algo que no tenga que ver con mi forma de ver el mundo por más que haya dinero de por medio.

¿Cual es la relación entre arte y militancia?

Cuando uno tiene un compromiso con la verdad, cuando uno pinta, está incidiendo en la forma en la que uno cree, configura el mundo, y sus valores, que para mi son constitutivos de una sociedad. Desde ese lugar creo que la militancia aparece de manera natural. Cuando uno empieza a entender que lo que planteó en una pintura fue disparador para alguien, de reflexión, o simplemente se le cayó una lágrima, o generó cuestiones empáticas, afectivas para otros, es poder establecer una comunicación efectiva y transformadora de la política en el arte y por eso uno se asume con cierta responsabilidad a la hora de comunicar. Responsabilidad en principio con uno mismo, honestidad… lo otro decanta.

Descubrir que el plano simbólico es absolutamente estructurante de la realidad aunque desde la política tradicional no sea tenido en cuenta a nivel protagónico como herramienta, los que lo  llevamos a cabo sí lo percibimos, si establecemos una lucha porque sea tenida en cuenta a la hora de generar cuestiones hasta programáticas, organizativas, más allá de una ornamentación del discurso político porque realmente considero que el hecho estético es también en sí mismo una acción política, así que en mi situacion, en mi vida es algo que va de la mano el arte y la militancia.

¿Cómo puede el arte generar inclusión social?

El arte, mucho más allá de su materialidad, es un campo generador de la dimensión simbólica. Todo lo humano existe en tanto y en cuanto participa de esta dimensión. Claro está que en su mera materialidad exige condiciones específicamente en el campo artístico, que admitan su generación. Y es esa misma materialidad la que implica en principio las condiciones en donde las necesidades básicas estén satisfechas.

Es por ello que cuando pensamos en políticas públicas culturales inclusivas han de ir, al menos, de la mano con políticas públicas que signifiquen las condiciones de vida de las personas. Nadie podría pensar que alguien puede pintar con la panza vacía, así como tampoco se hace posible la inclusión social en el ámbito educativo si los niños no están debidamente alimentados. La cultura y dentro de ella el arte, no son posibles de analizar, expandir, generar, reflexionar si no se cuenta con los pilares de la dignidad humana mínimamente garantizados. El arte es inclusión como un paso hacia la semántica de la existencia. Ahora bien, si las condiciones de supervivencia están aseguradas es imprescindible el arte como herramienta inclusiva, porque es el motor de los pueblos libres, es el reaseguro de una sociedad que se piensa a sí misma, que se construye, que se dice y que se identifica con el símbolo que la reafirma.

¿Cuál consideras que puede ser el rol de los artistas en esta avanzada neoliberal?

Antes pensaba que el rol debía ser direccionado hacia ese fin protagónico, épico respecto del desarrollo histórico, me refiero a concienzudamente épico. Hoy permito poner en cuestión ese rol. Creo sí en la capacidad transformadora del arte, en una irrupción sobre la cotidianeidad que moviliza el status quo. Lo que también creo es que los artistas no son seres humanos por fuera de lo cotidiano, por fuera del resto de los mortales, lo que nos hace iguales que al resto de los ciudadanos con las mismas posibilidades y con otras herramientas. Pero la efectividad de la herramienta de los artistas en el neoliberalismo también se ve afectada. Tanto como cualquier trabajador que ve afectada su fuente laboral o el contexto productivo en ruinas que derrumba cualquier trabajo sostenido.

Entonces creo, quizá a manera desmitificadora, que  el artista cuenta con una herramienta extraordinaria para crear sentido, para comunicar, para expresar, incluso para callar. Eso no lo hace estar por fuera del protagonismo de una sociedad que se constituye en un pueblo libre. Pero tampoco está por fuera cuando cae la nieve para todos por igual.

Si lo pensamos desde una situación ideal o incluso como decía antes, épica, podríamos visualizar que «los artistas» serían los expuestos denunciadores de los atropellos del neoliberalismo. Y supongamos que está bien, que sucede. Pero personalmente creo que los artistas son millones más que no vemos, no escuchamos… porque son la mayoría los que no cuentan con lo mínimo indispensable para producir y difundir sus mensajes… no es igualitario el sistema cultural como para exigir a los artistas un rol tan preciso.

¿Cómo puede el lector acceder a la obra de Ángeles Crovetto?

Cuando hago exposiciones  (cada vez menos) trato de difundirlas lo más que puedo. De manera virtual en www.angelescrovetto.com y en mi página de facebook Ángeles Crovetto.

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