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La señora alegría de los simpsons reclamando que alguien piense en los niños

¿Alguien quiere pensar en los docentes?

Si queremos comprender los ajustes que se están realizando en Educación, es necesario despojarse de los mitos que existen alrededor de la figura docente como quien "sólo embarra la cancha". Algunos dirán que en este país es más fácil resolver la inflación que comprender al sistema educativo. A pesar de tamaña premisa, encaramos el desafío.
Entre las políticas de recorte implementadas por el gobierno de Vidal se encuentran los cierres de cursos, las jubilaciones de oficio a 1500 docentes y la resolución de quitarle las horas asignadas a 7.000 docentes que no tienen título habilitante. Se puede tener la certeza de que serán muchos a quienes la educación pública les va a dar un portazo en la cara, pero, más que a rasgos generales, es poca la dimensión sobre el impacto real.

Todas las medidas implementadas este año significaron, para un amplio sector de la sociedad, empezar un 2018 con miles de jóvenes sin cursos, sin maestros ni profesores. Incluyendo a inspectores que fueron a cerrar sus propias fuentes de trabajo. Las medidas alcanzan incluso a directores y preceptores que veían cómo un rumor de pasillo se convertía en una resolución que cerraba toda la modalidad que dirigían y volvían a sus casas como desempleados.

Es difícil explicar cómo está organizada la estructura del sistema educativo, pero sin conocer sus lógicas, actores implicados y forma de organización, es imposible comprender los alcances del recorte presupuestario que se está aplicando en la educación pública de la provincia de Buenos Aires.

Estructura del sistema educativo

¿Cómo empezar a meternos en el laberinto del sistema educativo? Tal vez lo mejor sería realizando una separación entre los niveles existentes: inicial, primaria, secundaria y superior.

El sistema para los maestros de educación inicial y primaria está conformado por un docente al frente de un curso por turno completo: mañana, tarde o noche. En el Estatuto Docente, art. 13, está denominado como prestación de servicio “por cargo”. Ellos pueden tener hasta un curso por turno y no necesariamente serían todos en la misma escuela. Podrían estar, entonces, a tiempo completo con un curso a la mañana, otro a la tarde y otro a la noche, de lunes a viernes.

Para los docentes de los niveles secundario y superior, el sistema es muy distinto y es acá donde se encuentra el bien llamado “docente taxi”, ya que ellos no tienen un sistema por cargo sino que es “por horas-cátedras”. Las horas cátedras son de 45 minutos y las horas módulos son de 1 hora. Los docentes están en distintos cursos e instituciones por turno: a veces en una misma mañana enseñan a primera hora en un curso de una escuela, tal vez a la siguiente hora enseñan en otro curso de esa misma escuela (si tuvieron suerte de poder articular esto en los actos públicos), pero lo más común es que luego vayan a otra escuela para dar clase en otro curso. Y este ir y venir se repite a lo largo del día, cruzando turno mañana, tarde y noche.

El máximo de horas de un docente de nivel secundario o superior depende de cómo logró obtener horas en este tetris que es su día a día. Depende si todas las horas son en un mismo colegio, o si tiene horas en colegios que están cerca uno de otro, o si con la combinación de turnos mañana, tarde o noche que haya realizado llega en tiempos a dar clases en instituciones que estén alejadas una de otra.

Aparte de los niveles y los turnos, están las modalidades comprendidas por la educación técnico profesional, la educación artística, la educación especial, la educación permanente de jóvenes y adultos, la educación rural, la educación intercultural bilingüe, la educación domiciliaria y hospitalaria y la educación en contextos de privación de libertad. Cada modalidad tiene sus turnos y niveles. Asimismo, cada materia denomina «módulos» a su carga horaria y se calculan de manera mensual. Es decir, si historia se cursa dos horas a la semana, para el docente representa ocho módulos al mes.

Pensando en los cierres de cursos desde una perspectiva estructural, estos se efectuaron por modalidad (especialmente en la modalidad educación permanente de jóvenes y adultos, pero también en la modalidad rural e islas), por turno (en su mayoría en el turno noche, pero con alcance también en cursos de turno mañana y tarde), por curso (cerrando por ejemplo, 6to C y 6to D, dejando activos solo dos 6tos) y por nivel (tanto en educación primaria como en educación secundaria), atravesando todos los módulos de todas las materias involucrados por curso.

Es decir, hubo estudiantes que pasaron de cuarto a quinto año que, al momento de inscribirse, se encontraron que en su colegio ya no existía ese curso: en lugar de haber 5to A, B y C, sólo había 5to año A. Muchos se quedaron sin vacantes, despojándolos de sus grupos de cursadas y de la comunidad educativa, importantes en el desarrollo de la niñez y adolescencia. Por ejemplo, en la Escuela Primaria N°26 del Partido de San Martín cerraron los cursos 1°C , 1°F, 2°C, 2°F, 3°E y 6°F. Este colegio pasó a tener la mitad de oferta que años anteriores, quedando con cuatro secciones de cada año, dos en cada turno.

Cada cierre de curso de secundaria representa aprox. treinta alumnos, nueve docentes y un preceptor que se encontraron con las puertas cerradas al comienzo del año escolar.

De la modalidad de educación permanente de jóvenes y adultos, destinada a quienes no completaron los niveles educativos en la edad establecida reglamentariamente, se cerró toda la modalidad, tanto secundarios nocturnos como diurnos, quedando únicamente los cursos pertenecientes al programa Fines y los CENs que se están reestructurando. Cerraron cursos primero sin organizar la oferta ni estructura clara de los CENs.

Ahora, ¿qué es lo que sucede con los puestos de trabajo de los docentes cuando se cierran cursos? Para entender el efecto de los cierres es necesario saber cómo son los cargos.  

Quien se quedó sin su silla…

La jerarquía docente está escalonada de la siguiente manera:

  • Titular definitivo
  • Titular interino
  • Provisional
  • Suplente

Lo más importante es recordar que si un docente es titular definitivo de unas horas o de un cargo (dependiendo del nivel educativo al que pertenezca), esas horas son suyas. No las pierde ni están ancladas físicamente a un curso o a una institución, sino que están ligadas al docente. Si algo sucediera con sus horas o cargo en la escuela donde las tiene asignadas, pasaría por sistema a ubicar sus horas o cargo en otro curso donde hubiera disponibilidad. Este movimiento puede ser a otro curso de la misma institución, a otra escuela del mismo distrito o, como última opción, a otro distrito.

Entender sobre las jerarquías docentes nos ayuda a dimensionar la magnitud del movimiento de recursos que genera un cierre. Cada curso de secundaria tiene nueve docentes y un preceptor. Si en ese curso hay docentes que son titulares, esas horas se reubican como se detalló más arriba. Pero las horas que pasa a tomar ese docente titular definitivo no salieron de un repollo sino que son horas que están asignadas a un cargo provisional o a una suplencia. Este es el comienzo de una cadena de desplazamientos de arriba hacia abajo.

Por otro lado, más arriba comenté el modelo de “docente taxi” que existe en el nivel educativo secundario. Es decir que cuando se habla de cierres, es imposible pensarlo como una planta fija de trabajadores. Por sistema, los profesores trabajan en varios colegios, en varios turnos, en varias materias, en varias modalidades. No hay que olvidar que ellos dan servicio por hora/cátedra, es decir que para llegar a fin de mes es necesario tener suficientes horas.

No es un todo armonioso, más adelante detallo cómo pasar este tetris que a cualquier docente le encantaría evitar, pero todavía falta más detalle (aunque te prometo que estamos a mitad de camino). Aún no hablamos de quiénes pueden ser titulares, provisionales o suplentes, y es necesario saberlo para entender el alcance de las cesantías a todos los docentes que no tienen título habilitante y el efecto de las jubilaciones de oficio.

Actos públicos

Bueno, si no te perdiste, lo que viene ahora debería ser ese momento mágico donde tenés un montón de herramientas sueltas y, de repente, todo tiene lógica pero no. No es la idea sobrepasarnos de optimistas, pero está la intención de llegar juntos hasta el final y que nos salga un: “aaahhhhhhh, ahora sí, entendí”.

Ante todo, para ingresar a la docencia es requisito ser argentino nativo, por opción o naturalizado, o extranjero. En los dos últimos casos, haber residido 5 años como mínimo en el país y dominar el idioma español, poseer aptitud psicofísica y una “conducta acorde a la función docente” (que da miedo, porque no está especificada en el estatuto de qué conducta estamos hablando). También es necesario tener título habilitante o supletorio para el cargo u horas cátedra a desempeñar. Se permite el ingreso con una edad máxima de 50 años o hasta 55 con justificación de servicios en el nivel o modalidad a la que aspira. Se junta toda la documentación necesaria, que tiene validez a modo de declaración jurada, y se presenta en la Secretaría de Asuntos Docentes(SAD) que corresponda por distrito.

 


Retomando entonces lo dicho anteriormente, según el Estatuto Docente, sólo pueden entrar al aula los que tienen título habilitante, pero si no hay quien cubra esas horas o cargo con este tipo de título, se abre el llamado a personas que tengan título cercanos: licenciaturas, ingenierías o terciarios y si no, lo que seguiría en la jerarquía son los estudiantes de docencia.

En concordancia con el tipo de título, título en trámite, o estudiante en curso, es que se forman los famosos listados y los puntajes. Pero no nos apuremos, vamos por parte y veamos de qué se tratan los listados.

Si el docente posee título habilitante, al inscribirse va a estar incluido en el listado oficial. Hay fechas de llamado específicas en el año para poder inscribirse. Sólo quienes aparecen en el listado oficial pueden titularizar horas. Además pueden presentarse para cargos provisionales o suplentes. Digamos que quienes están en el listado oficial juegan en toda la cancha. Cuando titularizás por primera vez (10 módulos de forma obligatoria) te restan 10 puntos para competir en actos públicos.

Sin embargo, puede pasar que la fecha de inscripción por contingencias de la vida se pase sin que llegues a tener todos los papeles. Por esto existe el listado 108 A, donde se inscriben quienes no llegaron a la fecha del listado oficial, tal vez por tener el título en trámite. Y claro, tener el título y tener el título en trámite no es lo mismo. En la vida misma, y en el sistema docente también, presentar título vale más. El listado 108 A es por orden de inscripción en Secretaría de Inspección y está abierto todo el año.

Acá vamos al tema de los puntajes: aquellos que se inscribieron en el listado oficial tienen un puntaje más alto que los del listado 108 A. Y a medida que vas “bajando” en los listados, el puntaje es más bajo. Los mismos varían según tipo de título, años de antigüedad, experiencia, cursos que el docente va presentando para sumar en su expediente. Por ejemplo, uno puede empezar formando parte del listado 108 A, pero al año siguiente ya tener el título, presentarlo y pasar al listado oficial y tener más puntaje. Trámites y papeles, al infinito y más allá.

El listado 108 B Complementario es donde se inscriben aquellos que no reúnan las condiciones de los otros listados, como por ejemplo, los que aún no están recibidos. Y por último, allá a lo lejos están quienes se inscriben en el listado de emergencia. Estos listados se abren cuando se puede prever por experiencia que no se van a cubrir determinados cargos provisionales o suplencias por los otros listados, es decir, que están abiertos todo el año en Secretaría de Inspección para cubrir vacantes. Es un recurso para no dejar a los alumnos sin docente y está formado de acuerdo a las pautas de valoración que cada nivel determina.

Creo que ahora sí podemos decir que tenemos toda la información para recrear juntos un acto público para tomar horas o cargos en docencia. Creeme que simplifiqué bastante el proceso de inscripción que llevan adelante los docentes y te ahorré el detalle de los papeles. Pero mejor avancemos: hagamos de cuenta que tenés título en trámite, entonces estás en el listado 108 A (si te inscribiste y pasaste por todo lo que te ahorre, pensá en un dolor fuerte de cabeza, días juntando papeles yendo y viniendo entre escuelas, secretaría de inspección, instituto donde estudiaste y demás).

En principio no vas a titularizar horas sino que vas a presentarte con las expectativas de tomar horas como suplente. No tenés experiencia, entonces tu puntaje no es muy alto. El acto público es un acto administrativo que tiene como fin cubrir cargos u horas ya sean titulares, provisionales o suplentes. Lo lleva adelante la Secretaría de Asuntos Docentes y la misma publica los cronogramas con los actos que detallan día y a qué hora de su realización. Este año en particular, a la cantidad de horas que fueron acto público se le suman las licencias que fueron dadas de baja y las jubilaciones de oficio que se realizaron en marzo. Pero también se suman los docentes que estaban con cargo provisional o suplente de los cursos que cerraron y se presentaron al acto público para tomar nuevas horas.

Lo que pasa en un acto público no es muy complicado, pero para quien recién empieza puede ser un poco deprimente. Quien esté a cargo del acto público va a llamar: “dos módulos (en criollo, horas), de suplencia para historia”. Empieza a considerar primero a los que están en el listado oficial. Se llama por puntaje: “¿Puntaje 1000?”(claramente lo estoy exagerando). “Yo” va a decir una docente, y ella pasa a ver si le sirven las horas de toda la oferta que hay ese día en ese acto público, en qué institución, y chequear que no se pise con horas que ya tiene. Si las toma, se procede a llamar para otras ofertas, pero se procede llamando dos vueltas por puntaje, del listado oficial y 108 A. Y si aún así, quedan vacantes, se comienza a llamar al listado 108 B por orden de puntaje.

Vengo muy optimista y acá te voy a dar un baldazo de realidad. Van a pasar algunos actos públicos antes de que puedas tomar horas. Y para sumar un poco al pesimismo reinante, sabiendo esto, vas a entender mejor qué significan las cesantías a los 7.000 docentes que no tienen título habilitante.

En un principio, la intención del Gobierno de la Provincia  era que se produjera la cesantía de las horas otorgadas para aquellos que no tuvieran título habilitante al 28 de febrero pasado. En consecuencia, todas esas horas pasarían a acto público. Esto, por estatuto, se puede hacer, pero nunca antes se aplicó. Hay que tomar en cuenta que se anunció en diciembre para febrero, dejando a muchos trabajadores sin tiempo suficiente para cambiar su situación.  

Tampoco hay que olvidar que si existen casos donde se abre el listado de emergencia, es porque hay un faltante de docentes con título habilitante, y dejar el aula vacía no es una opción. Y hay que considerar esto en materias como matemática, música, arte en pueblos del interior donde cubrir las vacantes puede ser más difícil.

Luego de reuniones con los sindicatos, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires decidió postergar las cesantías para diciembre. El inconveniente que surge es saber cómo se van a cubrir las vacantes para que los estudiantes puedan tener mesas de examen en febrero. Son interrogantes que quedan flotando en el aire.

Volviendo al tema del acto público y cantidad de horas, tratar de dimensionar el sueldo de un docente es complejo. Depende de su puntaje, es decir del tipo de título, años de antigüedad, experiencia, cursos; depende del tipo de cargo que tenga y también depende de cuántos módulos (horas) tenga. Una docente en el partido de San Martín, con 5 años de antigüedad y título habilitante, combinando horas titularizadas, más suplencias, con un promedio de 20 horas cátedra a la semana llega a un sueldo de $20.000 al mes. Pero decir esto es inmensamente incorrecto ya que varía notablemente según puntaje, calificación del colegio, modalidad, etc etc., etc., etc.

80 horas trabajadas al mes representan para un docente un promedio de 10 cursos de 30 alumnos aproximadamente, es decir alrededor de 300 alumnos para los cuales debe preparar material, corregir tareas y realizar seguimiento sobre su desempeño.

Lo que no va a variar es lo siguiente: 20 horas módulos a la semana, para materias con una carga semanal de 2 horas, representan 10 cursos de aproximadamente 30 alumnos cada uno. Por las dudas, estamos hablando de 300 alumnos. Con todo el trabajo pedagógico que el docente lleva a cabo dentro y fuera del aula, decir que los docentes trabajan solo 80 horas al mes en promedio es una visión completamente sesgada.

Capacitaciones para competir

Mencionamos que en el puntaje se consideran también cursos certificados que el docente haya presentado para su legajo, pero no es tan sencillo. Si escuchaste hablar sobre las ofertas que realizó el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires a los sindicatos docentes, ya sabés que dentro de la propuesta había un premio por capacitación. Y bueno, si no lo sabías, ahora lo sabés.

Con respecto a los premios por capacitación, desde la Dirección General de Escuela se les paga $6000 anuales a los docentes que se hayan capacitado en cursos que estén avalados por la misma. Pensemos, por ejemplo, un curso que conste de 148 horas de capacitación, serían entre 4 a 5 horas por semana. Sumemos mentalmente estas horas a las horas aula a la semana del docente más el trabajo en casa.

Pero no nos desenfoquemos, el problema acá es la escasa oferta de cursos gratuitos. Por ejemplo, este año en un distrito de GBA se abrió la inscripción para un curso online de Género y otro sobre Derechos Humanos, pero la misma se terminó a las 2 horas de haberse abierto. Después, están los cursos pagos avalados por la Dirección General de Escuelas que salen aproximadamente $7000 al año y el bono ofrecido es de $6000 a cobrar cuando se presente el aval del curso finalizado, es decir… al otro año.

Quizás pensás, si es tan complicado, ¿por qué los hacen? Los cursos de capacitación se traducen en más puntaje para competir en los actos públicos, incluso algunos valen más puntos que una licenciatura que no tenga validez como título habilitante. Si no tenés estos cursos, es muy probable que tardes demasiados años en llegar al puntaje suficiente para poder titularizar. La perla de todo esto es que, además, los puntos que se asignan por un curso de capacitación vencen cada dos años. Son un sistema cerrado de dinero que invierten los docentes para poder conseguir puntos para competir.

¿Y la calidad educativa?

Aun tratando de ser detallista y explicativa sobre la estructura del sistema educativo, hay mucha información que está quedando afuera. No se trató el tema del nivel educativo inicial y el nivel educativo superior. Tampoco se trato el trabajo del día a día al frente de cada aula, las crudas realidades con las que un docente interactúa especialmente en tiempos de ajuste deshumanizado. Este es un eslabón de la cadena, pero tampoco es cualquier eslabón: es un espacio de inclusión, donde niños, jóvenes y adultos pueden soñar y construir nuevas posibilidades de vida.

¿Es posible pensar en calidad educativa barriendo con los derechos de los docentes?¿Acaso no son ellos quienes ponen el cuerpo en nombre del sistema educativo? Cada vez se repiten más y más mitos sobre el sueldo del docente: cuántas horas trabajan, que se quejan mucho, que tienen muchas vacaciones o se estigmatiza a los sindicatos. Son recursos para banalizar y correr el foco de atención en los recortes que se están aplicando. Si queremos que los chicos aprendan, como contestó la gobernadora María Eugenia Vidal cuando fue interpelada por los cierres de cursos, habría que recordar que detrás de cada docente hay un aula. Al grito “¿¡Alguien quiere pensar en los niños?!”, el eco que vuelve pide que, por favor, pensemos en los docentes.

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